blector

reflexiones de un lector anónimo

A lo mejor me lo merezco

EstudiarHace unos días se presentaba en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el último disco de Alejandro Sanz. Fiel a su imagen de eterno adolescente, congregó a cientos de fans que aguardaron la llegada de su ídolo el tiempo que hizo falta, inasequibles al desaliento.

Una presentación de un libro (y digo una presentación, no uno de esos circos mediáticos para lanzar la última ruiz-zafonería del año) apenas hubiera congregado a los cuatro asiduos de rigor: critiquillos, escritores y editores que van de sarao en sarao, saludándose efusivamente como si no se viesen desde hace años.

¿Que de qué va todo esto? Pues de que la cultura es engañosa. Engañosa por fraudulenta, por lo falsa que algunos consiguen que sea. La cultura no es esfuerzo, no es estudio, no es sabiduría, no es encierro, no es sacrificio, no es placer, no es dedicación. No. Ya no.

Hoy por hoy la cultura es otra cosa. Una especia de puta explotada por muchos proxenetas, los cuales se aprovechan de ella económicamente, pero no la miran con deseo. La cultura se reduce a atraer público, a congregar a ‘nombre propios’ (sea lo que sea eso), a cuadrar cuentas, a generar ingresos, a lanzar a la fama a un ejecutante que pergeña bodrios…

La cultura ya no es cultura porque la cultura siempre ha sido universal, pero hoy ya no es así. Unos cuantos se han arrogado el derecho de decidir sobre el resto qué es y qué no es cultural; otros cuantos, bajo el disfraz de subversivos, sólo pretenden usurpar el lugar a los primeros; y la gran masa aborregada que constituimos el grueso de la población tragamos con lo que unos y otros nos echen. Eso es cultura. Arrugar la nariz y engullir. Aunque sea mierda.

13 noviembre 2006 Posted by | Cultura, Libros | 2 comentarios

Perfecto total

Uncle SamTodos los que escribimos bitácoras tenemos razón. No razón en algo de lo que decimos, o sobre algo que comentamos, no. Tenemos razón en todo. Tenemos LA razón.

Ahora, los hay que tienen más razón que otros. Y aquí entramos en esa categoría tan evanescente como es la del crítico. El crítico por internet, claro está, aunque su parecido con el de la prensa escrita es notable.

El crítico es ese señor que tiene una bitácora única y exclusivamente para dar realce a su ego. Para hacer proselitismo virtual mediante entradas de una longitud casi irreal, hablando de lo divino y de lo humano: es decir, de sí mismo y de los demás. Habilita los comentarios del blog casi por lástima, para echar un vistazo a los gimoteos de los ignorantes iletrados que se pasean por su bitácora, cuando no los elimina directamente, porque ninguna coletilla o escolio puede enturbiar sus sagrados escritos.

Críticos, como decía, somos todos. A nadie le gusta que le lleven la contraria y si alguien, aquí y ahora, dejase un comentario negando lo que estoy diciendo, yo mismo se lo reprocharía y, tal vez -depende de mi humor de ese día-, se lo eliminaría como si se tratara de spam.

Sin embargo, la diferencia fundamental de esos críticos con el resto de bloggers (permítaseme la expresión) es que ellos persiguen un objetivo. Lanzan sus dardos contra la crítica ya establecida, con esos críticos de prensa a los que tildan de antiguos, tendenciosos y venales. Pero, en verdad, su fin último es usurpar esos puestos, convertirse ellos mismos en referente para otros, sentar cátedra desde un podio superior en prestigio y fundar nuevas religiones basadas en sus dogmas que no son más que las repeticiones ad infinitum de lo ya visto desde hace miles de años.

Por eso, quizá, empiezan a comportarse como aquellos a los que intentan derribar y escriben sus entradas con un claro mensaje: ‘yo tengo la razón’.

6 noviembre 2006 Posted by | Críticos, Libros | 1 comentario

Precios, gangas y demás…

SeñorasEstas dos señoras de la izquierda, junto con otros muchos otros congresistas de diverso jaez, han aprobado hoy una ley que liberaliza el precio de los libros de texto, manteniendo fijo el del resto.

Esta medida no parece satisfacer ni a parte del Congreso, ni a editoriales ni a libreros. Lo que pasa es que nadie se ha preguntado si satisface a quien los va a comprar: vamos, al lector. Porque los libros de texto se han convertido, en los últimos años, en una fuente de ingresos excepcional para unas cuantas editoriales, mientras que para los padres han sido un calvario año tras año. A las grandes superficies les ha venido estupendamente, claro, porque las recaudaciones de cada curso escolar deben ser escandalosas. Y, sin embargo, los pequeños libreros, esos seres ninguneados y despreciados hasta por sus ‘hermanos mayores’, son los que siguen perdiendo clientes al no poder soportar la política de descuentos.

Ahora, con esta liberalización, los grandes comercios acapararán aún más el mercado mientras las pequeñas librerías, al no poder competir cuantitativamente con ellos, perderán una porción (otra más) del pastel.

Por eso me hace gracia ver a esas dos señoras tan emperifolladas, tan acicaladas, exponiendo la tesis de que el precio libre de los libros de texto beneficiará a todos. Seguramente ninguna sabe cuánto cuesta uno de esos manuales, lo mucho que hay que desembolsar para enviar al niño al cole pertrechado con ese ejército de biblias del saber.

Y pienso en las librerías pequeñas, que han venido sobreviviendo gracias a los septiembres de muchos años, que han cedido terreno al material de papelería para poder subsistir, y me parece que la culpa no es de esas señoras, sino mía. Mía por ir a Fnac a comprar un libro, cuando podría pedírselo al librero de la esquina. Mía por acudir a la Casa del Libro pensando que seguro que tendrán éste o aquél ejemplar, cuando debería haber paseado hasta la librería de -pongamos- Pepe y encargárselo, teniendo una charla con él. Porque, al fin y al cabo, es lo que hace mi madre con el charcutero o el frutero: va, compra y tertulia.

Tal vez sea que no hay ya mucho interés en depatir con un librero. Quizá por falta de ganas. O de temas en común…

3 noviembre 2006 Posted by | Editoriales, Librerías, Libros, Noticias | Deja un comentario

Reglas de etiqueta

SmokingYo no sé nada del mundo editorial, vaya esto por delante. Tal vez esta ignorancia sea un serio problema, un inconveniente insuperable que debería luchar por solventar. Podría leerme religiosamente todos los suplementos culturales, estar al tanto de los movimientos de los distintos grupos (fichajes estrella y demás), hacerme amiguete de algún crítico, pseudo-crítico o aspirante-a-crítico o… en fin, se me acaban las opciones.

El caso es que podría estar más enterado de lo que estoy, pero soy muy feliz siendo un simple lector. A mí, la verdad, qué editorial publique a Fulano me da lo mismo; no me importa si a Mengano le han pagado una millonada por irse a Planeta o Alfaguara; y no me interesa ni lo más mínimo quién es amigo de Zutano o quién no.

Supongo que la sucesión de generaciones, que la muerte del padre y demás, se cumple en literatura como en todos los otros aspectos de la naturaleza humana. Tal vez con más ahínco, en realidad. Lo digo porque asisto casi todos los días a una lucha sin cuartel por proclamarse pope supremo de la narrativa, de la crítica o de la opinión española. Y, la verdad, creo que todo es lo mismo: mismos perros con distintos collares.

No creo que para ser una autoridad en Literatura haya que estar al tanto de las menudencias sociales del mundillo que rodea a la escritura. Creo que hay que leer: mucho, pero mucho, de todo y, en la medida de lo posible, leerlo bien, con inteligencia y perspicacia. Todo lo demás sólo sirve para tratar de conseguir la pole position en las próximas elecciones a Conocedor Supremo de Todo lo Concerniente a la Literatura. Las amistades, las comidillas, los cotilleos, las puñaladas y las habladurías estarán muy bien para conseguir un contrato, pero flaco favor hacen a los libros. A los de verdad.

Por eso no me interesa nada todo lo que concierne a la mayoría de aspirantes a escritores, críticos, reseñistas o articulistas. Me gusta leer y hablar de lo que leo. El resto es paja.

2 noviembre 2006 Posted by | Autores, Lectores | 1 comentario